Pequeñas rutinas multiplican el efecto de las decisiones arquitectónicas. Bajar estores antes del pico de sol, abrir en diagonal para acelerar brisas suaves, y programar ventiladores de techo a baja velocidad reducen cargas térmicas. En invierno, permitir que el sol entre por la mañana y cerrar temprano ayuda a retener calor en la masa. Con registro de sensaciones y datos, ajustarás los horarios ideales para tu familia. Estos gestos cotidianos, sostenidos, superan en eficacia a equipos costosos mal usados.
Revisar sellos de ventanas, lubricar herrajes, limpiar lamas y comprobar drenajes de lucernarios evita pérdidas y filtraciones que degradan el confort. Un vistazo estacional a juntas, pinturas reflectantes y vegetación de sombra mantiene el sistema pasivo en forma. No necesitas herramientas sofisticadas, solo constancia y atención a detalles. Documenta con fotos para detectar cambios sutiles y planificar mejoras. Este cuidado preventivo protege la inversión, alarga la vida útil de materiales y asegura que la casa siga rindiendo con silencio y elegancia.
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